La fortaleza de JOy para romper el círculo vicioso de la falta de hogar que afectaba a su hija

Tras años viviendo en la calle, Joy estaba decidida a ofrecerle a su hija una infancia diferente. Horizons la ayudó a encontrar el apoyo, la estabilidad y la comunidad que necesitaba para seguir adelante.
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Joy lleva sin hogar desde los 14 años. Con una madre que padecía esquizofrenia y un padre que bebía demasiado y le decía que «se lo olvidara», pasó su adolescencia pasando de un sofá a otro.

Cuando se enteró de que iba a ser madre, se prometió a sí misma que su hija no tendría el mismo tipo de infancia que ella había tenido.

Pero allá donde iba, solo encontraba decepciones. Las guarderías estaban llenas y el plazo de inscripción ya había cerrado; algunas eran demasiado caras. Durante meses le denegaron las ayudas y las prestaciones del SNAP, y perdió su trabajo al no poder acudir a la oficina sin un servicio de guardería fiable. Al no tener ingresos, le denegaron diversas oportunidades de vivienda. La ansiedad era abrumadora.

Fue entonces cuando descubrió Horizons y enseguida se dio cuenta de que no estaba sola. 

Desde el momento en que matriculó a su hija en Horizons, se le asignó una asesora para padres, Toya, que le proporcionó orientación y una nueva perspectiva. 

«Su orientación y su apoyo me han ayudado a ser mejor madre. Es cierto lo que dicen: no se puede verter de una taza vacía. Antes de conocer a Toya, estaba agotada y me estaba perjudicando a mí misma al guardármelo todo para mí y no tener a nadie en quien apoyarme».

Mientras Joy trabajaba con su asistente social, Ava avanzaba a pasos agigantados en el aula. Creció y maduró muchísimo durante el año que pasó en la clase de los más pequeños. Ahora está en preescolar y se sabe muchas canciones, que Joy también ha aprendido para que puedan cantarlas juntas. Se sabe los nombres de muchos animales y objetos. Sabe contar hasta 20, conoce todos los colores y las formas. ¡Y ahora está aprendiendo a escribir! 

«El 29 de enero, por fin me mudé a mi propio piso. Dos meses después, pude celebrar la primera fiesta de cumpleaños de mi hija, con motivo de su tercer cumpleaños. Me siento orgullosa de que ahora tenga un hogar y la oportunidad de disfrutar de una infancia normal de la que no tenga que recuperarse».

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